You do not currently have permission to view the full text for this document. Please sign in to an account with an active subscription or contact support.
El libro de Juan José Rueda tiene todos los valores de un pensamiento amplio, abierto a una multirreferencialidad que lo despoja de todo fanatismo. Esa falta de fanatismo y esa apuesta por un pluralismo científico a ultranza le permite circular sobre diferentes temas espinosos del psicoanálisis con una libertad y comodidad que no eluden para nada las contradicciones, sino que incluso las destacan, lo que a mi juicio amplifica el poder de reflexión y facilita la apertura a la discusión.
Y el pluralismo científico no solo se refiere a su capacidad de nadar en el agua de los diferentes esquemas referenciales del psicoanálisis, sino a intentar articular el psicoanálisis mismo con los diferentes campos de la ciencia, del arte y de la literatura. El valor del pluralismo merece, a mi juicio, una consideración especial. El pluralismo no es un escepticismo, ni un nihilismo, ni un eclecticismo vulgar, ni una actitud frívola, ni una falta de un deseo decidido de jugarse por una posición, sino, por el contrario, una decisión firme de soportar la imposibilidad de la verdad absoluta. El pluralismo científico no abjura de la verdad, lo cual podría dar lugar a la construcción de cualquier mentira en el lugar de la verdad, no cede sobre la misma, sino que entiende que cada uno de los esquemas referenciales es la construcción de un sistema de razones autorreferenciales que se alimentan de una lógica interna, pero que, sin embargo, nunca pueden ocupar el imposible lugar de la verdad. La razón y la verdad divergen siempre, y por eso ninguno de los sistemas de la razón pueden arrogarse su lugar.
Para el pluralista, razón y verdad son campos que no se tocan, y más bien podría afirmar que la imposible verdad solamente tiene en la razón la suplencia de su imposibilidad. De ahí que haya tantas razones en pugna que se alimentan cada vez de más y más razones en su imposibilidad de ocupar el campo de la verdad, que se aleja asintóticamente con cada nueva razón. Y es que el l