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El trabajo Histeria, estados límites y trauma en la clínica psicoanalítica de François Richard aborda varios –tal vez los más importantes– de los problemas que nos plantea la clínica psicoanalítica actual.
Cada vez más acuden a nuestras consultas pacientes que no corresponden a las concepciones teóricas y clínicas que guiaron nuestra formación y trabajo durante tantos años. Pacientes que denominamos límites, borderline, fronterizos, etc., que no corresponden a las estructuras neuróticas habituales, sin ser tampoco claramente psicóticos. A mi entender son sujetos que en su desarrollo psíquico no han alcanzado la organización estructural mental socializante que implica la elaboración del complejo de Edipo, en cuanto internalización de la conflictiva interrelacional con ambos progenitores, sujetos claramente diferenciados entre ellos y con el individuo en cuestión, y portadores de ambivalencias y sentimientos contrapuestos que el sujeto ha podido percibir y elaborar como ajenos al propio self. Faltos de dicha percepción interrelacional carecen, pues, de la organización estructural-estructurante que permite al sujeto una integración social mínimamente eficaz, y desde ella beneficiarse de la exigente relación terapéutica psicoanalítica conforme a los parámetros clásicos del encuadre canónico, para la que, como recordaba R. Wallerstein, es necesario estar suficientemente enfermo para necesitarla y suficientemente sano para soportarla.
Son pues, sujetos que, carentes de la organización edípica, presentan ciertos rasgos «preorganizativos» que, permitiéndoles un cierto funcionamiento mental, oscilan entre el acercamiento extremo al otro, con posible pérdida de la individualidad, o una extrema independencia desvitalizante. Las angustias, como señaló Green (1996/2014), son de separación y/o de intrusión, en las que la analidad (primaria) se ha establecido en una huida hacia delante de la situación confusional originaria. Richard señala que en la relación terapéutica puede surgir