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Me alegra leer los comentarios de Juan José Rueda y de Rafael Cruz Roche. Para mí, aportan un punto de vista algo diferente al de mis colegas franceses, con quienes he discutido esta presentación clínica. Es lo que intentaré mostrar en esta respuesta escrita quizás demasiado rápido: creo que existe un psicoanálisis español específico.
Por ejemplo, constato la fluidez de la síntesis entre Freud, Lacan, Kohut, Winnicott y Klein que realiza Juan José Rueda: permanece en la metapsicología y en el método clínico freudiano sin caer en una fenomenología, un pensamiento mágico o en un manejo puramente técnico de la relación terapéutica, lo que suele ocurrir cuando se arriesga a utilizar un enfoque global. Por mi parte, cuando sigo ese camino, encuentro regularmente contradicciones difíciles de resolver.
J. J. Rueda ha captado la complejidad que intento esclarecer: una histeria grave cercana a un estado límite, una mezcla confusa que la concepción ferencziana del trauma aclara. Sin embargo, si realizamos una distinción demasiado marcada entre el orden simbólico de la palabra y los procesos primarios, no nos ayuda. Conviene referirse a la «vivencia del dolor (…), del terror» (Freud): si el yo está tan herido por un contexto invasivo es porque es débil, pero también porque existe como fuente poderosa de alucinaciones, en la Hilflosigkeit, cuando el objeto primordial desaparece. El juego del Fort-Da sugiere una recuperación simbolizante allí donde la paciente pertenece más bien a la serie X+Y+Z de la que habla Winnicott: el niño encuentra recursos por sí mismo y en sí mismo cuando la madre se ausenta un tiempo de duración X, experimenta pánico si se ausenta un tiempo X=Y, y cae en una angustia agónica si ella ya no existe en un tiempo infinito X=Y=Z. En este último caso, se instituye de forma duradera un estado desorganizado fragmentado contenido por un clivage estructural, y la elaboración de la posición depresiva se convierte en la tarea de toda una vida, añade Winnicott.