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(Accepted for publication 1 May 2014)
Al transmitir que el psicoanálisis ofrece buenas chances para el tratamiento temprano de los trastornos del espectro autista, esta comunicación clínica describe el proceso terapéutico de una niña autista que no hablaba, encapsulada “tipo coraza”, de 19 meses de edad. Detalla cómo, en un programa de cuatro sesiones semanales, la niña- de nombre Lila- evolucionó en dos años de estar emocionalmente fuera de contacto, a la vitalidad afectiva de la relación edípica. Adhiriendo al énfasis en la “calidad de atención del analista” de Frances Tustin, y al consejo de Justin Call acerca de que en la interacción bebé-mamá el niño es el iniciador y la mamá la seguidora, se describe cómo el analista debe, en medio de una absoluta falta de respuesta, mantener con constancia la atención del paciente, para lograr encontrarse con él a mitad de camino en esos infrecuentes momentos en que muestre destellos de iniciativa de su parte. Esto ayuda a conseguir fugaces “momentos de contacto”, que se fusionan más tarde con “momentos de intercambio”, que luego llevan al reconocimiento de la humanidad del analista y a una comunicación de ida y vuelta. De esta manera se reactiva el “diálogo primario” (Spitz) y, al experimentarse a sí mismo en el espejo del analista, se reinstala en el paciente su sentido de individualidad. Como lo muestra la literatura, la postura dominante se apoya en la interpretación sistemática temprana de la transferencia que, en nuestra opinión, ha frenado el progreso del tratamiento psicoanalítico de los trastornos del espectro autista.