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El psicoanálisis en sí mismo es solo una raya en el pelaje del tigre. En última instancia, puede que conozca al Tigre.
Varios analistas en esta sección han escrito sobre los diversos modos en los cuales un caso puede ser relatado y abordado por los que intervienen en el debate (Boesky, 2013; Bronstein, 2013; Scarfone, 2011; Steiner, 2013). El modo en el que un caso es relatado se relaciona en parte con idiosincrasias culturales, pero una segunda lectura también puede revelar que la elección teórica del analista, su técnica y su estilo de interpretar, pueden estar influenciados de forma sutil por su contratransferencia con el paciente en cuestión. Sin embargo, dado que aquellos que debaten un mismo caso informan sobre un colega a quien no conocemos, sería difícil dilucidar estos factores. Por ende, solo podemos rogarle al analista del caso que sea comprensivo y esperar ser tomados con un escepticismo benevolente por los lectores. Al no haber estado en el consultorio con el paciente, no podemos pretender saber qué es lo que está sucediendo allí, más que el clínico que lo trata. Podemos tratar, por extrapolación de nuestras propias experiencias clínicas, de ponernos en los zapatos del analista, e imaginar cómo hubiera sido nuestra experiencia de ese particular juego psicoanalítico.
Debemos ser concientes de que el informe de una sesión es el producto final de la historia del paciente tal como se despliega en la hora de análisis. El analista desempeña una diversidad de roles, como oyente, como receptor de las transferencias del paciente, como alguien que responde con sus contratransferencias y demás. Por ende, el relato es la historia del analista de la totalidad de su experiencia, que añade profundidad y perspectivas a lo que oímos o leemos. Luego también entra en juego nuestra propia respuesta como comentadores. ¿Es posible que se espere de nosotros que seamos observadores objetivos, o nosotros