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Es un privilegio haber sido invitada a discutir este fascinante, emocionante trabajo clínico, escrito de tal manera que hace salir a la paciente del texto. El trayecto de Alix desde cuando decide analizarse- en estado de gran ansiedad, dispuesta como estaba en una delgada línea entre la posibilidad de iniciar un proceso hacia el cambio psíquico o colapsar en la prisión de la compulsión a la repetición- hasta la decisión, muchos años más tarde e internamente cambiada, para ponerle fin, es totalmente convincente. Además, como sucede en los mejores informes clínicos, el lector se siente inmediatamente impulsado a pensar, a imaginar y formular preguntas.
La pregunta central que la paciente trae a su primera consulta- una cuestión que experimenta como un dilema irresoluble- está presente en la totalidad del tratamiento (aún después de que la decisión fue tomada), ya que involucra las identificaciones primarias de la paciente y las relaciones con sus objetos internos en el nivel más básico: “¿Tendría que tener un bebé con mi pareja (à deux, no solo con su pareja, sino con una pareja, es decir, mediante la desidentificación de su madre soltera) o dejarlo (renunciando a un precario avance hacia la heterosexualidad madura y permaneciendo como la pareja de su madre para siempre)?”
En el momento en que decide empezar un análisis (que Lila Hoïjman concibe como la elección de un nuevo objeto de la realidad externa, que será un tercero en relación a la pareja ella-madre, hace posible poner en cuestión la fantasía compartida de una familia atípica ideal sin un padre que da palizas. Hoïjman comenta: “Ella estaba de repente confrontada con sus identificaciones primarias deficientes y lo tumultuoso de sus pulsiones…Su miedo al surgimiento de una pregunta existencial acerca de sus orígenes la hacía dudar. Sus defensas habituales estaban fallando y la energía intelectual ya no era más operativa. El control fálico de sus emociones ya no compensaba sus deficiencias narcisistas…una repentin