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(Aceptado para su publicación el 17 de diciembre de 2014)
La “escisión” es uno de los conceptos que ha acompañado al psicoanálisis desde sus comienzos. Con el tiempo, y hasta ahora, se ha ido desarrollando, ampliando y diferenciando en gran medida. La escisión, no está solo activa en los procesos intra-psíquicos (la escisión como mecanismo de defensa, su rol en la formación del síntoma) y de desarrollo (la escisión, como el proceso básico de organización de la experiencia emocional del niño [Caccia, 2009]). El concepto de escisión, nos ha ayudado también a entender la dinámica de grupo y el desarrollo socio-histórico. Por ende, es un concepto “en progreso” - un progreso que, sin embargo, trae aparejado el peligro de confusión y malos entendidos, ya que las diferentes tradiciones psicoanalíticas han desarrollado varias formas de entender la escisión, y usan el concepto de maneras diferentes.
Para aclarar esta situación y ofrecer una perspectiva histórica, Rachel Blass esboza el desarrollo del concepto de escisión. Partiendo de los primeros estudios de Freud sobre la histeria, ella explica que “escisión”, originalmente significaba la disociación de diferentes estados mentales (o “agrupaciones psíquicas”) que se mantenían apartadas por procesos y motivos desconocidos. Cuando se descubrió que la represión es el principal mecanismo de defensa de la neurosis, el concepto de escisión se corrió a un segundo plano por un tiempo, ya que la “represión” parecía ofrecer una explicación más clara acerca de los motivos y las fuerzas que mantenían algunos recuerdos y fantasías fuera de la conciencia. Sin embargo, la “escisión” no desapareció totalmente, y Freud ya la menciona en su artículo sobre Schreber (1911) cuando se refiere al sistema de perseguidores. En lo que respecta a la formación de síntomas en la paranoia, establece que debe haber un