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(Aceptado para su publicación el 6 de agosto de 2013)
A primera vista, el concepto de escisión puede parecer bastante claro y directo: bajo ciertas circunstancias, nuestro psiquismo se divide en diferentes partes - bueno y malo, aceptable o inaceptable- y esto tiene implicancias para nuestro funcionamiento mental. Solo cuando uno empieza a clarificar lo que significa exactamente, es que aparecen la complejidad y dificultad de este término. ¿Puede el concepto de represión, usado en relación con la división entre el yo y el ello, no poder explicar esta división de la psiquis? ¿Decir que la escisión es más primitiva, como se nos enseña normalmente, no es lo suficientemente explicativo por sí misma? Y si la escisión se debe reservar para un proceso dentro del yo, como algunos mantienen, entonces surgirán futuras preguntas acerca de qué es lo que exactamente se escinde, y quién y qué inician la escisión. Además, la idea de que nuestra mente está dividida, más que unificada, es básica para el pensamiento psicoanalítico. ¿Qué cuenta entonces para el interés especial sobre el concepto de la escisión per se y qué es específico para ella? Estas son algunas de las preguntas que surgen cuando se intenta clarificar lo que significa escisión. La tarea de clarificación lleva a la comprensión de que existen múltiples usos y significados detrás de lo que al comienzo parece ser un término claro y familiar, como es el caso de muchos conceptos analíticos centrales. En efecto, los términos psicoanalíticos se usan de manera diferente en las diferentes corrientes analíticas y también sufren cambios dentro de los propios escritos de Freud- sin que esto se explicite.