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British Psychoanalytic Society
“¿Podría la actividad del pensamiento como tal, el hábito de examinar todo aquello que sucede…podría esta actividad estar entre las condiciones que hacen que los hombres se abstengan de hacer el mal, o aún en realidad “se condicionen” contra él?”.
La contribución de Hanna Segal al psicoanálisis quedó marcada no solo por su profundidad si no por su extraordinario alcance. Dentro del marco kleiniano, fue quien más trabajó, demostró la relevancia de las ideas psicoanalíticas para el conocimiento humano en general. Sus trabajos sobre estética, simbolismo, literatura y temas sociopolíticos han sido contribuciones fundamentales y originales que influyeron en la vida intelectual más allá del psicoanálisis per se. Sería razonable entonces hacer una división en el trabajo de Segal entre las contribuciones clínico teóricas y lo que se puede pensar del “trabajo aplicado”. Esto, sin embargo, fue resistido, pues este último aspecto de su trabajo no surgió de su “propuesta” de aplicar el conocimiento psicoanalítico a otros objetos, sino que siempre ha sido un emergente de sus preocupaciones clínicas y teóricas inmediatas. Su clásico trabajo sobre la estética (Segal, 1952) puede ser leído como una discusión clínica de los pacientes que tienen dificultades en su trabajo creativo, y al mismo tiempo como una contribución a las cuestiones centrales de la estética. Su estudio sobre Joseph Konrad (Segal, 1984), aunque en un nivel una exégesis psicoanalítica de su trabajo, resulta tener relevancia clínico-psicoanalítica inmediata como una examinación de las raíces de la creatividad en la posición depresiva y la relación de ello con la crisis de la mitad de la vida. Sus trabajos sobre la mentalidad nuclear y el triunfalismo del Oeste emergen directamente de sus exploraciones de la naturaleza y la fenomenología de la pulsión de muerte cuando están azuzadas por la omnipotencia maníaca, la negación que es central a su naturaleza y la destr