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(Aceptado para su publicación el 5 de marzo de 2014)
En la obra maestra épica de Goethe de la modernidad, Fausto, el protagonista, un buscador de conocimiento, lamenta su frustración con los frutos de su trabajo, insulta a su naturaleza limitada, los obstáculos que aparecen en su camino: Dice:
Ninguna nueva fuerza se vierte en mí
No soy por un pelo más alto
Aún no estoy más cerca del infinito
Fausto desea vehemente el infinito y en consecuencia las magras ganancias de su lucha sin final pro el conocimiento empalidecen en la insignificancia cuando se lo compara con el nuevo objeto de su añoranza- la omnisciencia. Fausto está obstinado por “las consideraciones de la realidad” y este estado de mente lo provee de terreno fértil para el trabajo del diablo; Mefistófeles le ofrece un mundo sin obstrucción donde todo deseo puede concretarse.
Mefistófeles se presenta como el espíritu “que todo lo niega,” y Fausto continúa:
todo lo que existe merece perecer
mejor si nada hubiera nunca nacido