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(Aceptado para su publicación el 29 de octubre de 2014)
El tema de la pulsión de muerte contra el instinto de vida se ha discutido ampliamente con opiniones encontradas en el curso del desarrollo del pensamiento analítico. La visión que sugiero en este trabajo es que postular la existencia de una fuerza innata para explicar la destructividad no es necesario en el campo clínico. Es más útil para relacionar la destructividad en muchos pacientes graves al trauma infantil, especialmente el trauma de una falta permanente de afecto. Cuando la relación de dependencia del objeto principal está fallando o produce frustraciones graves, el niño puede desarrollar estructuras psicopatológicas contra la vida y las relaciones humanas. La destructividad hacia los objetos buenos sería un subproducto del trauma, ya que es alimentada por la ira traumática y la omnipotencia anti-relacional. Sin embargo, la secuencia trauma-destrucción no es lineal ni estrictamente consecuente y requiere una cuidadosa reconstrucción durante el tratamiento analítico. En su mayoría se desarrolla en niños profundamente carenciados de afecto a través identificaciones patológicas con figuras destructivas y una retracción mental disociada de la realidad psíquica. Como este tipo de fantasías crea placer, emerge una destrucción fría, distante de todas las pasiones, mostrando una dependencia de constelaciones patológicas que se alimentan unas a otras constantemente.