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Es doloroso enfrentar la pérdida de un viejo amigo tan cercano, amado y admirado, que ha ejercido una influencia fundamental en mi vida personal y profesional durante las cinco últimas décadas. Estoy profundamente agradecido por haberlo conocido y muy entristecido por su muerte.
Además de mi pena personal, es una tarea enorme intentar expresar nuestro duelo por lo que Robert Wallerstein ha hecho por el psicoanálisis, sus logros en la vida científica, profesional, institucional y universitaria de la comunidad psicoanalítica norteamericana e internacional. Creo que no exagero si digo que fue la más importante fuente individual del despertar de la profesión psicoanalítica a la crucial y urgente necesidad de realizar investigación empírica para seguir siendo relevantes dentro de la comunidad científica, académica e intelectual contemporánea en general. Fue un hombre extraordinario, dinámico, entusiasta y creativo; paciente, aunque obstinado en su lucha por el progreso en nuestro campo, aun contra obstáculos temibles y prejuicios institucionales. El agudo intelecto de Bob lo hizo especialmente adecuado para la tarea de reunir a personas de todo tipo. Su calidez y