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(Aceptado para su publicación el 7 de octubre de 2014)
Este documento trata de referirse a una cualidad particular de la existencia (no) existencia, lo que yo llamo aquí “existencia vacía,” de la cualidad predominantemente explorada en el discurso psicoanalítico en los estados mentales primitivos, que llamo “existencia de aniquilación”. El logro de esta diferenciación fenomenológica puede hacer que sea más fácil de identificar y trabajar a través de los estados extremos en la situación analítica, cuando el paciente está bajo el dominio de la “existencia vacía”. Yo sugeriría que es, por así decirlo, una existencia de una sola dimensión, en un vacío infinito sin contorno, carente de cualquier objeto interno sustancial, carente de cualquier sentido sustancial de las ocurrencias psíquicas y/o somáticas, y carente de cualquier representación viva de este mismo estado de ser. Por lo tanto, carece de angustia y ansiedad, así como de tranquilidad y paz. Se podría decir que es lo inorgánico dentro de lo orgánico; una cualidad de no-vida dentro de la vida. La “existencia de aniquilación” es la existencia en un mundo ahuecado de dos o tres dimensiones, con representaciones planas y/o parciales de uno mismo y el objeto, que atrae a la angustia y la ansiedad agudas de aniquilación. Es una especie de existencia al borde de la no vida, al borde del vacío; donde una sensación de peligro catastrófico es provocada por la potencialidad sin fin de la realización de la aniquilación. Ambas cualidades psíquicas se pueden encapsular dentro de los trastornos neuróticos y de la personalidad, y el predominio de cada uno puede servir como defensa contra la dominación de la otra. La discusión teórica se apoya en fragmentos de un análisis.