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Estimado editor:
La sociedad actual está más globalizada y es más multicultural que nunca y los doctores y los psicoanalistas a menudo se encuentran con que deben tratar a pacientes provenientes de otros países. Cada vez más pacientes musulmanes tienen acceso al councelling y se está volviendo crucial, o mejor dicho indispensable, que el terapeuta comprenda el Islam para poder ofrecerles una respuesta válida y práctica, que respete su historia. Esta comunicación breve intenta proveer a través de un caso clínico y de la literatura disponible, algunas notas y observaciones que ayuden a los psicoanalistas a orientarse en relación a temas relevantes a la sexualidad y el Islam.
En realidad, la relación entre la sexualidad y el Islam, representa un terreno fascinante, aunque resbaloso y difícil; rico en símbolos y salpicado de mitos que se expresan a modo de prohibiciones y permisos, creando una dialéctica compleja entre lo que se puede ver (y es legítimo, halal en árabe) y lo que, en contraste, debe permanecer oculto (estar prohibido, haram, en árabe). De este modo, la sexualidad se vive como un juego constante de referencias cruzadas y reflejos, y el verdadero ocultamiento creado por el uso del velo (chador o hijab o, en sus formas completas, niqab o burqa), es un espectáculo en sí mismo, que se da a conocer por lo que no permite ser visto, o solo permite ser visto fugazmente.
Esta dialéctica, esta tensión continua entre lo público y lo privado (Movahedi y Homayounpour, 2012), entre lo visto /visible y lo no visto /