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Hay un tipo depaciente que acecha al psicoanálisis desde los márgenes, que nuncatermina de asentarse en las categorías diagnósticas existentes perotampoco desaparece del todo. Diversamente denominado “normótico”, “falso self” o personalidad “como si”, este pacientedesconcierta a los esquemas clasificatorios convencionales porque,aunque aparentemente es de alto funcionamiento, verbal, cooperativo,con el juicio de realidad intacto y sin necesariamente un historialsignificativo de trauma, acaba revelándose que algo fundamental —lacapacidad de sentir sus propios sentimientos— está ausente, esdisfuncional o inexistente. Detectar el problema puede ser casiimposible, no solo porque una “ausencia” es su rasgo definitorio,sino también porque el paciente rara vez se queja de ello (de nosentir sus sentimientos). Mientras que, en circunstancias ordinarias,las insatisfacciones emocionales del paciente son el motor queimpulsa el tratamiento —por más ambivalente e inconsistente quesea ese impulso—, en estos casos el paciente padeceprecisamente un problema mecánico de este tipo: una desconexión delos sentimientos auténticos que hace que la conciencia de lainsatisfacción sea esquiva e improbable.En lo que sigue, mecentro en el “pseudo-self”: una variación particular deorganización disociativa en la que la normalidad y la funcionalidadcamuflan la ausencia de autenticidad emocional. Exploro la conexiónentre esta organización de personalidad única y el actual régimenneoliberal, donde la desconexión, la velocidad y la eficiencia sonensalzadas como las características óptimas de la persona exitosa.La persistente incapacidad de nuestro campo para enfrentar losproblemas generalizados del “pseudo-self” nos hace cómplices deuna cultura dañada, deshumanizante y desconectada.