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El autor sostiene el enfoque embriológico para la interpretación de la conducta fetal insistiendo en que la conducta es la suma total de la capacidad funcional de todas las partes del organismo. El desarrollo de la capacidad funcional tiende a rezagarse tras el desarrollo morfológico de un órgano o sistema. La conducta se desarrollaría como lo hace la estructura morfológica siendo éste un proceso metódico secuencial similar al desarrollo estructural metódico y secuencial de un órgano. Después de analizar los métodos usados el autor se refiere a los ochenta y ocho fetos que ha estudiado en Pittsburgh desde uno de siete semanas de edad menstrual hasta un postmaduro de cuarenta y cinco semanas. A las siete, siete y media y ocho semanas de edad fetal no se ha podido observar actividad. A las ocho semanas la estructura sugiere que el feto puede ser capaz de responder a la estimulación táctil. Inmediatamente después el área reflexógena se encuentra sobre el labio superior y el ala de la nariz, extendiéndose posteriormente al labio inferior, barbilla y parte del cuello. La respuesta característica de esa edad es única, constituida por flexión lateral de tronco y cuello habitualmente contralateral acompañada de ligera y definida rotación de la región pelviana en la misma dirección de la flexión del tronco; además, extensión de ambos brazos describiendo las manos un ligero arco. El área reflexógena se sigue extendiendo y el autor analiza los tipos de movimientos resultantes a través de las diversas edades fetales. Señala que a las nueve semanas y media aparecen movimientos espontáneos señalando que los canales semicirculares