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El autor, crítico musical de valía, conoció a Freud en y fué testigo activo de las primeras etapas del devenir psicoanalítico.
Describe en el presente artículo la asombrosa personalidad de Freud, su interés múltiple por la ciencia y el arte —con excepción de la música— y su capacidad de expresar sencillamente problemas psicológicos complicados, valiéndose de múltiples comparaciones que extraía de su vasta cultura.
En aquellos años la ciencia psiquiátrica oficial vienesa estaba centrada alrededor de la gran figura de Wagner von Jauregg que por entonces desdeñaba la obra de Freud. (Posteriormente tuvo que modificar su primera opinión.) Los neurólogos eran también enemigos del psicoanálisis, así como los psiquiatras, entre los cuales el interés psicológico no era la virtud más frecuente.
Todo ello no fué obstáculo a la extensión del psicoanálisis. Como la universidad no ofrecía su apoyo, las reuniones científicas se celebraban —todos los viernes— en casa de Freud. A ellas asistieron también Adler y Stekel, que luego siguieron caminos independientes.