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El Eros de los Diálogos de Platón no es el corriente. Es el Eros entre dos personas del mismo sexo, es el amor de los efebos.
En la obra de Platón, la mujer es considerada como algo secundario y es inferior en valores al hombre. La teoría platónica de la transmutación de las almas admite una primera humanidad, compuesta únicamente de varones que proceden directamente de las estrellas. Si estos hombres consiguen dominar sus pasiones, retornan después de su muerte a las
estrellas de donde proceden. Pero si sus pasiones son más fuertes que su voluntad, si viven una vida indigna, entonces en un segundo nacimiento toman la forma de mujer. Si en esta existencia de mujer siguen comportándose de un modo culpable, entonces en otras generaciones se convierten en animales. Esta evolución regresiva cesa en el momento en que son dueños de sí mismos y logran vencer sus malos sentimientos. La mujer, por lo tanto es un ser intermedio entre el hombre y el animal. En el paraíso platónico existen solamente varones.
Su valorización inferior de la mujer aparece también en su mito platónico acerca del nacimiento de Eros. El padre es la Riqueza, hijo de la Sabiduría; la madre es la Pobreza loca. Esta última, aprovechando un momento de embriaguez del padre, consiguió realizar un coito con él, concibiendo así a Eros, que tiene los dones y virtudes del padre y, al mismo tiempo, la locura y la miseria materna.
Platón no tuvo compresión para la atracción sexual de la mujer; su amor se dirigía a los muchachos, no solamente en forma de amistad, sino además con un fuerte contenido sensual. En sus Diálogos describe los sentimientos que se sienten, cuando se está enamorado de un efebo.
En estos casos, sin embargo, la satisfacción sexual no debe ser total: “el amante debe besar al amado, verse frecuentemente con él y tocarle como se toca a un hijo…, pero no debe pasar de estos límites”. (Politieia III.) En Symposión se cuenta cómo Alcibíades, enamorado de Sócrates, ruega a éste que le otorgue su amor.