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Dice la autora que el dibujo del niño neurótico oculta y expresa al mismo tiempo su conflicto, haciéndose esto muy claro en el curso del análisis.
Los símbolos son extraños, la estructura de los dibujos es generalmente audaz, uniéndose en ellos los elementos más heterogéneos y alejados el uno del otro.
Refiere dos casos en los cuales los pájaros enormes simbolizaban la angustia del ñiño, pero en cada uno de ellos este mismo símbolo era tratado de modo diferente (un caso de mutismo psicógeno total en un niño obsesivo, de 9 años; el otro un mutismo parcial, y autismo total, lindero ya con una esquizofrenia).
Para ella el dibujo es liberador de las más profundas capas mentales reprimidas, sirviendo como modo de expresión, a partir del cual podemos llegar a comprender y solucionar los conflictos infantiles.
Además encuentra que a través de una expresión gráfica se ve, una vez más, la relación entre el pensamiento y el arte del niño, del neurótico y del primitivo, siendo en todos ellos la omnipotencia del pensamiento un rasgo esencial.
Las interpretaciones de imágenes castradoras (como la de la representación de la “araña”), se hacen aún más claras contemplándolas a la luz de la obra de Melanie Klein.
A. de Pichon Rivière.