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La idea que un sujeto se forma del éxito tiene una relación profunda con los deseos y tantasías inconscientes.
El autor estudia cuatro casos de personas que fracasaron socialmente, sin que presentasen síntomas neuróticos preexistentes. Su fracaso puede ser designado como una perversión en la función social.
“El individuo que fracasa, sin tener muchos síntomas neuróticos, considera al sufrimiento como consecuenca de las circunstancias y de la agresión de los otros. No se hace reproches y en él no existe un sentimiento de culpabilidad en la superficie psíquica. En los casos estudiados el sujeto se refugió en un papel pasivo. En tres casos el agresor era el padre: en el cuarto una tía que luego se convirtió en madrastra. Por lo menos en los dos primeros casos, parece ser que existió también una considerable agresión por parte de la madre. Generalmente es necesario un análisis muy largo, antes de que se haga patente la agresividad materna. También por el progenitor agresivo, los pacientes eran considerados como niños particularmente inteligentes. Los dos primeros fueron exageradamente elogiados por sus madres