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La vasta concepción cosmológica de los antiguos mayas (en la que involucraban nociones de espacio y de tiempo) estaba dominada por la idea fundamental de las cuatro direcciones o puntos cardinales. El universo era concebido y representado como un cubo de dimensiones inmensas, figura que se obtenía al reunir los ángulos homólogos de tres cuadriláteros horizontales y superpuestos. El cuadrilátero inferior, o de la base, correspondía al mundo subterráneo; el del medio, al plano terrestre y el superior, al cielo. La imagen del cosmos aparece así como la de un todo gigantesco, organizado de acuerdo con un esquema geométrico, en el que las diferentes partes guardan entre sí una relación perfecta y forman una armoniosa síntesis. Y el hombre, modelo y medida de todas las cosas, ubicóse, como de costumbre, en el lugar céntrico y ritual de su universo (1).
Similar concepción cosmológica tuvieron los aztecas y es posible que participaran de ella los antiguos incas, del Perú, según puede deducirse de la tradición guardada por sus filósofos o amautas. Los pieles rojas, que habitaron las llanuras vecinas al imperio de los mayas-aztecas, también idearon un mundo sobre idéntica base cuadridimensional, cuya representación fué