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La autora se ocupa de la estructura psíquica del niño ciego y supone que debe éste sufrir por su defecto en la importante función del examen de la realidad. Además, en su desarrollo sexual, faltan instintos parciales importantes, como el exhibicionismo y la escoptofilia. También está inhibido en su capacidad de identificación. Para poder estudiar bien estos problemas, la autora convivió con niños ciegos en un instituto vienes durante mucho tiempo. Además analizó dos de ellos, un niño de 8 años y una niña de 4. La autora nos demuestra en su artículo el ambiente de los niños ciegos. Por un concepto pedagógico equivocado, los niños son exhortados a conducirse como si fueran sanos. Se aprovecha su gran capacidad idiomática para darles un vasto vocabulario, que ellos no son capaces de comprender. Por esto dan un