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El autor comienza trazando un panorama completo de la psiquiatría correspondiente a la época en que comenzó a interesarse por esta rama de la medicina (hace 33 años). Los textos empleados, la forma de enseñanza, la asistencia de los enfermos, el régimen hospitalario son motivo de pintorescos comentarios. La preocupación esencial de aquella época era particularmente anatomoclínica, orientándose la investigación hacia la búsqueda del substractum orgánico, estando la comprensión psicológica del enfermo casi descuidada y limitada a esos clásicos formularios que todos hemos conocido. Posteriormente se inicia la época caracterizada por la influencia de Adolfo Meyer, que hizo conocer la obra de Kraepelin, Bleuler, etc. El método cronológico y la valoración de los factores ambientales inició una nueva época que trajo como consecuencia una mejor asistencia, tanto privada como pública, del enfermo mental. Pero de seguir exclusivamente en esta vía, los psiquiatras no habrían pasado sin la influencia de Freud del nivel consciente de dicha interrelación entre personalidad total y ambiente. El psicoanálisis encontró en sus comienzos una gran oposición siendo tema de polémica en el círculo de los especialistas. Esta situación no cambió después de la visita de Freud , y según el autor era muy frecuente oír decir que el creador del psicoanálisis era “un obsceno excavador de la inmundicia sexual”, dando la impresión de que algunos psiquiatras se comportaban como si Freud mismo hubiera hecho ataques personales contra ellos. Poco a poco la resistencia fué cediendo, tomando aspectos menos hostiles quedando hoy muy pocos psiquiatras que consciente o inconscientemente no construyan hipótesis o teorías basadas en los postulados del análisis.
El conocimiento de la estructura del aparato psíquico en términos del ello, yo y superyó, su relación entre sí y con la realidad serían indispensables para la comprensión del psiquismo normal y anormal. Dice además que le sería imposible pensar psiquiát