You do not currently have permission to view the full text for this document. Please sign in to an account with an active subscription or contact support.
En su interesante autobiografía (ed. Dial Press, New York ) el pintor surrealista español, Salvador Dalí, describe con acentos peculiares una entrevista con Freud:
“Mis tres viajes a Viena fueron exactamente iguales a tres gotas de agua, con falta de reflejos para que brillasen. En cada uno de esos viajes hice exactamente lo mismo: Por la mañana fuí a ver los Vermeer en la colección de Czernin y por la tarde no fuí a visitar a Freud, porque invariablemente me enteraba de que estaba fuera de la ciudad, por motivos de salud.
“Recuerdo con una melancolía agradable el haber empleado esas tardes en deambular al azar a través de las calles de la antigua capital de Austria. La tarta de chocolate, que comía precipitadamente en los cortos intervalos de ir de un anticuario a otro, tenía un ligero sabor amargo, proveniente de las antigüedades que había visto, y acentuado por la burla de la cita que no se celebró nunca. A la noche mantenía una larga y agotadora conversación imaginaria con Freud; él volvía conmigo a casa y se pasaba toda la noche pegado a las cortinas de mi habitación en el hotel Sacher.
“Años después de mi última tentativa infructuosa de encontrarme con Freud, hice una excursión gastronómica en la región de Sens en Francia. Comenzamos el almuerzo con caracoles, uno de mis platos favoritos. La conversación recayó sobre Edgar Alian Poe, un tema magnífico mientras se saborean caracoles, y se relacionaba especialmente con un libro recién publicado por la princesa de Grecia, María Bonaparte, que era un estudio psicoanalítico de Poe. De repente vi la fotografía del profesor Freud en la primera página de un diario que alguien leía cerca de mí. En seguida compré yo uno y leí que Freud exilado acababa de llegar a París. Todavía no nos habíamos repuesto del efecto de esta noticia, cuando lancé un fuerte grito. ¡En ese justo instante había descubierto el secreto morfológico de Freud! ¡El cráneo de Freud es un caracol! ¡Su cerebro tiene la forma de una espiral —para ser sacad