You do not currently have permission to view the full text for this document. Please sign in to an account with an active subscription or contact support.
El busto de Gustavo Mahler por Rodin ha sido sacado del lugar que ocupaba en la Opera de Viena. La calle, que llevaba su nombre, se llama ahora Meistersingerstrasse (calle de los Maestros Cantores). Su música está prohibida y todo rastro de su vida y de su obra borrado de la ciudad, cuya ópera él llevó hacia alturas nunca logradas ni antes ni después.
Por una afortunada combinación de circunstancias he conseguido un ejemplar de un libro extraordinario, aparecido en Amsterdam pocos días antes de la conquista de Holanda por los nazis.
Es sin duda el único ejemplar de las memorias de la viuda de Gustavo Mahler, que haya logrado llegar a América (1). El libro contiene no sólo recuerdos personales y material bibliográfico enteramente desconocido y de gran interés sino que nos brinda además una excelente descripción de los últimos diez años de la vida del compositor. Alma Mahler, cuyo carácter era tan opuesto al suyo, y que sin embargo lo complementaba, hace el relato de su boda, cuenta de felicidades y desavenencias, dice de riñas y reconciliaciones. Las cartas del compositor a su novia y esposa reflejan el carácter emotivo y original de este hombre de elevado talento.
Los amigos íntimos de Mahler sabían que sus grandes éxitos fueron acompañados, y en parte ocasionados, por muchos síntomas neuróticos. Ninguno de sus biógrafos supo hasta ahora que Mahler fué a ver a Freud