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Los sueños de tres niños pequeños, sueños con contenido psíquico definido y componentes afectivas innegables hacen pensar al autor que los primeros meses de vida, aun antes de la adquisición del lenguaje, ciertas situaciones placenteras o dolorosas pueden ser elaboradas como sueños.
Un niño de ocho meses acostumbraba a jugar con su padre un juego que le era muy
placentero. El padre debe ausentarse y en la segunda noche después de la separación repite dormido todos los movimientos del juego, ríe a carcajadas como cuando lo realizaba, siguiendo a esto una relajación general y luego un sueño tranquilo.
En el segundo caso un pequeño de trece meses durante el sueño ríe a carcajadas una y otra vez continuando después un sueño profundo. Esta conducta onírica parece estar en relación innegable con un contenido psíquico placentero. En el tercer caso citado por el autor, un niño de 23 meses se despierta gritando angustiado y expresa con su lenguaje aun rudimentario que su hermana se ha caído y lastimado. Esto era la repetición de una situación real acaecida pocos días antes; efectivamente, su hermana se había caído y lastimado tal como él lo soñó, repitiendo en el sueño la situación traumática sufrida anteriormente.
A. A. de Pichon Rivière.