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Un niño de cinco años y medio manifestó desde los tres años un gran interés por las ilustraciones de revistas y como pudo observarse le servían como medio de llegar a lo desconocido partiendo de algo conocido o familiar. Sus libros dd cuentos y el dibujo no parecieron tener para él ese valor de conocimiento. El modo como miraba las revistas yi el hecho de hacerlo eran una de las tantas formas de identificación con su padre, pero el autor no estudia aquí el complejo de Edipo del niño, sino el modo cómo trataba de encontrar solución a sus problemas. Por ejemplo, mirando atentamente una figura de hombre dijo:, “Sí, eres más grande que yo.” Al contemplar con ojos de experto una reproducción de la Mujer, y el loro, de Courbet, se preguntó: “¿Mamá?” Cuando la miró nuevamente desde todos los ángulos y afirmó: “Sí, es mamá”, pareció haber resuelto un problema. El autor da numerosos y siempre interesantes ejemplos de la conducta de este niño, llegando a la conclusión de que trataba de resolver sus problemas introduciendo algo real bien conocido dentro de lo desconocido y que, en general, las fantasías sexuales encuentran expresión en esa interpretación de ilustraciones, pero sobre todo como confirmación de teorías preestablecidas. Una prueba de ello está en el hecho experimental de haberse mostrado al niño las láminas que vio y comentó cuando tenía tres años al tener cinco y los elementos que le llamaron la atención no fueron los mismos. En el caso del cuadro de Courbet, dijo: “Es una mujer desnuda” e inmediatamente dirigió su atención hacia el pájaro. Lo primero no era ya un problema para él. En ese niño las figuras de sus libros de cuentos eran un medio de hablar con la madre y el dibujo le interesó sólo en el momento en que le preocupó la diferencia de sexos, desplazando esta curiosidad al pie de las personas dibujadas. Cuando aceptó dicha diferencia dibujó menos y además, en la medida en que comprendió más las figuras, perdió interés por ellas y comenzó a interesarse sól