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Desde muy antiguo se relacionaron las enfermedades mentales, y sobre todo la epilepsia, con el influjo de la luna. De ahí el calificativo de lunáticos. Así en la Biblia: “Señor, ten misericordia de mi hijo, que es lunático, y padece malamente; porque muchas veces cae en el fuego, y muchas en el agua.” (S. Mateo 17, 15.)
La persistencia actual de esta idea puede ser provocada por el influjo de la mayor claridad de las noches de luna que, por ejemplo, en un sanatorio mantiene despierto y alborotado a algún enfermo y él con su conducta intranquiliza a los demás.