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Prosiguiendo sus fructuosas investigaciones de descubrir bases psíquicas a enfermedades consideradas hasta ahora como de origen puramente orgánico, el autor estudia psicoanalíticamente un caso de hipertensión esencial. Para fundamentar esta exploración sé apoya en los hechos conocidos de que tensiones emocionales agudas provocan frecuentemente un aumento de la tensión arterial y también de que los hipértensos esenciales presentan frecuentemente rasgos neuróticos.
El enfermo estudiado es un hombre de 47 años, que además de su hipertensión sufre de una depresión crónica y asimismo es un alcohólico crónico. Casado, con cuatro hijos; sexualmente solía tener relaciones extraconyugales que, lo mismo que su alcoholismo, eran algo así como una exteriorización de rebeldía contra las normas sociales que le oprimían. En efecto, su personalidad actual presenta las dos actitudes contrapuestas —además de estar ambas inhibidas— de uñ sometimiento al exterior, juntamente con una rebeldía intensa de tipo emotivo, que provocaba su alcoholismo y su promiscuidad sexual.
Prescindiendo de estos actos sintomáticos el enfermo no se atrevía a manifestar su rebeldía interior, ni tampoco la actitud opuesta de un intenso deseo latente de dependencia pasiva. En lo que este enfermo se diferencia de otros neuróticos con un conflicto análogo, como son los ulcerosos pépticos o los delincuentes. El ulceroso péptico suele ser una persona activa y hasta agresiva, pero su deseo de dependencia se satisface en síntomas orgánicos del tipo de hipersecreción gástrica, debida a la sobreestimulación provocada por el anhelo de ser alimentado por la madre, del mismo modo que lo fué en la infancia. Tanibién el delincuente es exteriormente agresivo y su pasividad se satisface en la vida carcelaria.
La inhibición del enfermo frente a ambas tendencias le colocaba continuamente en una situación de tensión emocional, que el autor compara con la de un volcán hirviendo antes de la erupción, pero sin que ésta llegue a ocur