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Durante el análisis de niños surge una dificultad típica que nace de la relación de la analista con la madre del paciente.
Considera la autora dos clases de madres: las que ignoran totalmente el análisis y aquellas que lo conocen ya sea teóricamente o porque ellas mismas han sido analizadas o están en análisis. Con las segundas el trabajo es más fácil al principio, porque conocen el proceso analítico, pero las dificultades surgen también aunque algo más tarde y menos intensamente. Las que ignoran el análisis no pueden evitar el poner trabas mediante mil recursos, desde el tan simple de no hacer que el niño llegue a hora, hablar en presencia del niño refiriéndose al tratamiento en forma despectiva o tomándolo en broma, llegando a veces hasta a interrumpir el tratamiento bruscamente, sin motivo real. Las fuerzas inconscientes juegan un especial y fuerte papel en la relación madre e hijo y los analistas de niños tienen continuamente pruebas de ello.
Se ha tratado de solucionar este problema de tres modos diferentes. 1ọ: Eludiendo el contacto con los padres y analizando al niño sin tener en cuenta su ambiente. 2ọ: Realizando el análisis aislando al niño y llevándolo a un hogar o instituto especializado. 3ọ: Afrontando la dificultad mencionada y estableciendo una conexión con la madre, llevándola lentamente