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El narcisismo es un fenómeno relacionado con cargas libidinosas que afectan a, partes importantes de la propia personalidad. Para comprenderlo hemos de distinguirlo primeramente de las otras manifestaciones de la energía libidinosa, a saber, las que encuentran su descarga en los actos autoeróticos y las que implican una fijación sobre objetos ajenos al propio cuerpo. Recordaremos, ante todo, que existe una organización intrapsíquica, una formación permanente, que desempeña las más importantes funciones, para nuestra conexión con el mundo exterior. Esta organización es el yo. La memoria de las percepciones corporales del individuo y de sus experiencias psíquicas tambián pertenece al yo. Debemos considerar a áste, en consecuencia, como la representación intrapsíquica de la personalidad propia del individuo. Y en ásta, como en otras representaciones de objetos, se desarrollan procesos de catexis, sólo que en este caso son de mayor intensidad y variedad.
La catexis de esa representación de sí mismo que hemos llamado el yo, con libido procedente de distintas fuentes orgánicas, es ya muy intensa en la ápoca en que apenas se inicia el desarrollo del yo como una organización de recuerdos y experiencias psíquicas conscientes. La catexis del yo con libido produce precisamente el fenómeno que Freud ha denominado “narcisismo”, e implica una relación libidinosa que persiste a travás de todos los períodos de la evolución psíquica.
El estar enamorado de sí mismo nos sirve de paradigma para los procesos narcisistas. Encontramos una manifestación extrema de conducta narcisista, por ejemplo, en una persona que se acaricia a sí misma como si fuera un objeto querido, que tiene pensamientos y fantasías que se ocupan exclusivamente de ella misma. He tenido en análisis a una paciente adulta tan narcisista que le era imposible mantener relaciones satisfactorias con otra