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Señala el autor que “las palabras rigen la vida de los hombres” y despuás de citar a Freud en lo que se refiere a la primitiva identidad entre palabras y magia expresa que existen muchas palabras en el vocabulario del hombre occidental que se caracterizan por un contenido emocional exagerado, es decir, palabras que se distinguen por una elevada cualidad emocional y escasa racional. “Raza” sería una de ellas, “sangre” otra.
Comenta cómo el significado de la sangre como constituyente fundamental del organismo no debió escapar a la observación de los primitivos que la consideraron como un poderoso elemento poseedor de las más variadas y potentes cualidades.
Para el hombre de la civilización occidental ha sido como la quintaesencia del cuerpo que conduce y transmite las cualidades hereditarias de manera que todas las personas de un mismo linaje se consideran de la misma sangre. Cita en su apoyo una de las definiciones del Oxford Dictionary y señala que esta concepción de la sangre como portadora de las condiciones hereditarias de la familia es la que ha creado expresiones tales como sangre azul, sangre real, pura sangre, media sangre, buena sangre, lazos de sangre o relación de sangre o consanguinidad.
Diferencias raciales o nacionales se expresan tambián en tárminos tales como: sangre germana, sangre inglesa, sangre judía, sangre negra en forma tal que sangre y raza han pasado a ser usados casi como sinónimos.