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El autor afirma que al comienzo de un tratamiento psicoanalítico el enfermo suele rechazar las interpretaciones por considerarlas absurdas. Tácnicamente resulta de ello la utilidad de un mecanismo psíquico especial, con el que se pueden refutar los argumentos de la resistencia. Lo constituyen sueños de tipo específico.
Tiene su origen en el hecho de que toda interpretación analítica es aprovechada por la conciencia para atormentar al enfermo. Por ello el yo se siente obligado a encontrar una serie de coartadas para su descargo y lo realiza en esos sueños específicos.
El superyó constituye el instrumento más eficaz de tormento del individuo. Por lo tanto, si las primeras interpretaciones son ciertas, las debe utilizar con fines agresivos. Ahora bien, si como el autor y Jekels afirman, todo sueño satisface no solamente deseos infantiles sino que concomitantemente tiene la función de rechazar un reproche del superyó, es lógico suponer que en el tratamiento tiene que haber sueños de refutación, del tipo de los citados.
Expone varios ejemplos. Uno es el de un enfermo, con una conducta de fracaso, que el