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El autor utilizando un seudónimo expresa que el artículo constituye el punto de vista del paciente y que no debe ser considerado como lego ni científico sino simplemente como personal. Afirma que el factor principal en que se basa todo el tratamiento psicoanalítico se refiere a la necesidad de ser uno mismo, dado que desde el nacimiento uno comienza a descubrir las formas en que puede conciliar a la criatura aislada que uno se considera con los patrones que la cultura le impone. El esfuerzo para acomodarse a esta cultura con el menor grado de fricciones encierra una gran cantidad de conflictos inconscientes que más tarde consciente y deliberadamente pugna por olvidar. Pero así como el sujeto desea imponer sus instintos no quiere tampoco sacrificar aquellas barreras o síntomas que ha levantado con tanto esfuerzo en sus deseos de mantenerse en paz. Es así retrotraído al mundo que el analista denomina de la fantasía o escape de la realidad. Pero como paciente continúa creyendo que ese mundo primitivo y místico en su esencia es más profundo y verdadero que el nivel normal de contacto superficial. Es difícil reconciliar esta especie de realidad interior con la realidad del mundo externo; la incoherente y aparentemente irrelevante realidad de la poesía con el experimento más racional de la prosa. Señala despuás la adaptación a la situación de dependencia y su traslado de esta situación a la transferencia. El conflicto entre el deseo de mejorar para agradar al doctor y el deseo de mantenerse enfermo para que áste le cuide citando el viejo proverbio que señala el conflicto entre el deseo de comer la torta y el deseo de conservarla. Agrega como otra dificultad la duda creciente durante el análisis sobre la propia integridad. Los descubrimientos amenazadores con que se encuentra en su “mundo submarino” y el significado antitático de los sentimientos preguntándose cuando dice amor cuánto representa de odio.
Señala despuás que inconscientemente se mantiene aún la creencia de que