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El autor pone de relieve la importancia científica y social que reviste el problema del exhibicionismo y la necesidad de comprender las causas que lo originan a fin de poder atacar con buen áxito la enfermedad.
El caso que presenta es el de un individuo de 27 años, casado y padre de una niña de 6 años de edad. Procesado por exhibicionismo y puesto en libertad condicional resolvió comenzar su tratamiento psicoanalítico. Su problema consistía en un incontrolado deseo de exhibir sus órganos sexuales a las mujeres y en la necesidad de masturbarse mientras lo hacía, obteniendo así un orgasmo mucho más intenso y agradable que el resultante del coito. Comprendía perfectamente lo anormal de su conducta, sentía desprecio por sí mismo pero sólo podía dominarse durante breves períodos en los cuales hallábase con una gran tensión, deprimido, irritable, sufriendo dolores de cabeza, náuseas y diversos trastornos gastrointestinales.
El tratamiento psicoanalítico que quedó interrumpido a los cuatro meses y medio de su iniciación, no pudo, por supuesto, influir mucho sobre la enfermedad, pero el material obtenido permitió aclarar algunos de los factores subyacentes de sus perversiones sexuales.
El gran temor que le inspiraba su padre le había llevado a inclinarse hacia su madre en busca de seguridad y amor; incapaz de identificarse con aquál lo hizo con ásta a consecuencia de lo cual surgió el temor de ser un individuo castrado como ella. Este temor a su vez le creó la necesidad de tener que reasegurarse constantemente que poseía órganos masculinos. La compulsión a atisbar para ver los genitales femeninos hallábase