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El autor trata de las consecuencia de la interpretación fuera de la situación psicoanalítica. Sostiene que la costumbre de interpretar de esta manera causa múltiples daños, y espera que la comprensión de las razones en que se funda sean de utilidad.
El fin de cada interpretación consiste en el descubrimiento de los motivos y tendencias inconscientes detrás de nuestra conducta manifiesta. Pero conocer estas tendencias y sus motivos solamente puede ser útil, cuando el yo ya está en condiciones de soportarlo, aceptarlo y elaborarlo, es decir, cuando la persona, a la cual se da una interpretación, reconoce ya las resistencias, que su yo opone al conocimiento de tales tendencias inconscientes.
Es frecuente, sobre todo en muchos analistas principiantes, que descuiden este factor en sus interpretaciones. No lo hacen en la situación analítica porque de esto les salvan sus estudios, su análisis didáctico y su conciencia terapáutica, pero lo hacen fuera del consultorio, interpretando como “analistas silvestres” los actos y palabras de su familia, sus amigos y conocidos. Para poder comprender el daño que causan, tenemos que estudiar los efectos originados por una tal interpretación. Por la interpretación despertamos en el análisis la autodesconfianza del enfermo, requisito previo para la autoobservación, que forma la base del proceso terapáutico y que conduce a la comprensión de los mecanismos inconscientes de defensa contra el material reprimido, que finalmente, por la función sintática del yo, es incorporado a la personalidad consciente Una interpretación fuera de la situación analítica —sea acertada o no— no puede provocar más que el estado de autodesconfianza y perturba así la naturalidad y espontaneidad del individuo, que reaccionará con impulsos hostiles contra el intárprete o de manera masoquista, elaborando la interpretación como un ataque sádico.
Además al verse enfrentado súbitamente con un impulso reprimido, el yo de esta persona tiene que adoptar medidas de defensa, q