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El autor precisa cómo las neurosis, las psicosis y tambián los sueños no pueden desprenderse de los elementos de displacer provenientes de la relación del sujeto con su mundo exterior.
De lo que deduce que la presentación del principio de la realidad no introduce ningún elemento dinámico nuevo en la resolución de conflictos. Es sólo verdad a medias cuando se afirma que el principio de la realidad es una forma modificada del principio del placer; sería más completo decir que el principio de la realidad es una síntesis afortunada del principio del placer y del automatismo de repetición. Algo así como una subordinación y utilización del automatismo de repetición (repetición de lo desagradable), al servicio de un principio de placer atenuado.
Se progresa para vencer dolor. Pero si la nueva situación es aún más dolorosa, entonces se prefiere volver a lo anterior. Es lo que ocurre en las neurosis, psicosis o en los sueños; tambián en las neurosis experimentales en animales.
El neurótico está demasiado absorbido por sus conflictos y no puede alejarse de ellos para contemplar una solución mejor. Lo mismo sucede en el hermoso experimento de Koehler: colocando a un perro muy cerca de la comida, pero separado de ella por un enrejado, el animal no llega a concebir la posibilidad de un rodeo para conseguirla, lo que sí ocurre en el caso de estar el alimento más lejos.
El autor analiza prácticamente sus conclusiones, mediante el estudio de un sueño. En dicho sueño, como sucede a menudo, el paciente reacciona ignorando las diferencias entre su situación actual en el psicoanálisis y la pasada en su relación con el padre. Apoyándose en estas observaciones el autor designa como trauma psíquico aquál en que el proceso de aprendizaje está detenido (el sujeto no comprende la nueva situación, desligándola de una anterior).