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En un estudio tendiente a controlar las mejorías y sus relaciones con las actitudes y fantasías de la enferma, el autor presenta un caso de lavado de manos compulsivo iniciado a los 8 años de edad, acompañado de otras obsesiones entre las cuales se destacaban las oraciones nocturnas solicitando protección para sus familiares ante peligros de muerte.
Hija de una madre severa y dominadora, que prefería a su hermana mayor y al hermano menor, quedó reducida al amor de su dábil padre. Inició sus primeros síntomas a los 5 años con el temor de que el hermano muriese al administrársele una droga para dormir, seguido por el de que la ciudad fuera destruída (durante la guerra) y rogativas a Dios solicitando protección para sus familiares, agregándose posteriormente el temor de haber rogado inadvertidamente por la muerte de alguien, por lo que solicitaba se aceptaran solamente sus ruegos buenos. Tuvo poliaquiuria y enuresis hasta los 16 años. Desde los 11, traumas sexuales repetidos y masturbación con fantasías masoquísticas en las que le hacían tomar orina. Inició sus relaciones sexuales a los 21 años con hombres casados, permaneciendo insatisfecha. El orgasmo lo alcanzaba sólo mediante estimulación clitoridiana.
Los mejoramientos controlados durante el análisis eran acompañados de fantasías de tener un pene o un bebá. Los temores de impregnación se referían a secreciones corporales asimiladas a materias fecales, y equiparaba el poder mágico de matar por medio de su contacto al mágico poder de su pensamiento. En ástos se manifestaban deseos de muerte hacia la madre, la hermana y tambián hacia sus sobrinos, en relación con una fuerte envidia del pene que consideraba no sólo una ventaja sino una absoluta necesidad para obtener la gratificación. Su ausencia da origen al temor de que su hijo sea deforme o mal desarrollado. Contra el miedo de ser atacada y dañada genitalmente, instituye tres mátodos de defensa: 1ọ, no someterse al ataque; 2ọ, asumir el papel agresivo y matar a otro