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La autora, analizando el material de varios casos de obediencia sumisa extrema — Hörigkeit en alemán— expone algunos mecanismos de esta actitud psíquica en mujeres. Todas estas enfermas eligieron un objeto de amor imponente, que sobreestimaron y al cual se sometieron masoquísticamente. Sufrían muchas decepciones en los intervalos de su vida sexual con el compañero y podían gozar despuás con gran intensidad durante el coito. Describen la unión con el hombre querido como una fusión de su ser con el amante. Eran mujeres inteligentes y cultas, pero no se sentían capaces de cumplir independientemente la tarea más fácil.
La autora investiga las razones del goce tan intenso sentido durante el contacto sexual. Este tipo de mujer renuncia a su propio narcisismo y lo desplaza sobre el amante; de ahí proviene la sobrevalorización de áste. En el orgasmo logra, identificándose con el compañero sexual, recuperar su narcisismo perdido. Además satisface en el coito su deseo infantil de tener un pene. Este deseo se denota en su actitud frente a la vida. Obran como si su falta de pene las imposibilitara en cualquier actividad independiente. La unión sexual, lograda despuás de tantas decepciones, satisface además su masoquismo y tranquiliza sus sentimientos de culpabilidad. El sufrimiento anterior les permite gozar del coito. Viven el acto en forma masoquística, simultáneamente como castración y recuperación del pene.
Pero este goce extático tiene su razón más profunda en la satisfacción de tendencias pregenitales. Todas estas enfermas estaban muy fijadas pasivamente a su madre. El orgasmo es vivido por ellas como si volviesen a reunirse con ásta. A una fijación tan tempranamente establecida corresponde una ambivalencia muy fuerte. Por su intensa agresividad, originada por las frustraciones de la educación, temen ser abandonadas y se defienden contra esta agresividad peligrosa por una adoración y sobrevalorización muy grande de la madre. Transfieren más tarde esta constelación afectiva