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El autor expone en este artículo lo que le parece la tarea más importante y urgente de la psiquiatría de nuestra época. Sin embargo, no es a la ciencia de antes, puramente descriptiva, a la que se dirige, sino a la psiquiatría que ya ha asimilado el psicoanálisis. La esperanza que deposita en sus posibilidades futuras le permite un concepto optimista que esperamos no sea exagerado.
Denomina “nuestra época” al tiempo transcurrido desde la segunda mitad del siglo pasado hasta hoy. Mientras una gran parte de la humanidad observa la vuelta brusca a la barbarie y a la bestialidad en Europa con horror y sin comprensión, ya había en el siglo pasado algunos sabios que reconocían cuán delgado era el barniz de la civilización que separa al hombre moderno del bárbaro primitivo. El autor supone que los nuevos conocimientos y caminos que Freud abrió a la psiquiatría, la podrán capacitar para ayudar a la salvación de la humanidad. Esto sería realmente el significado de la psiquiatría en nuestra época. Los instintos demoníacos en el hombre ya fueron descubiertos antes del estallido de la tragedia europea. Pero el tiempo era demasiado breve para poder intervenir efectivamente. Ahora es labor de ejércitos y estadistas el suprimir otra vez los instintos agresivos. Pero, terminada la guerra, la profilaxis de otro estallido de barbarie será la tarea de la psiquiatría. El autor destaca la magnitud del esfuerzo que se necesitará para vencer las resistencias colectivas y hacer consciente lo inconsciente. La tarea será larga y dura y su premisa indispensable es el conocimiento profundo de la psicología abisal y la determinación de usarla para transmitir estabilidad y salud mental al hombre de nuestra civilización. Lo que dijo Freud del fin de la psicoterapia individual tendrá que ser el lema para civilizar toda la colectividad. “Donde era el ello, tiene que ser el yo”. El yo es lo que distingue al ser humano del animal. Así se puede también formular la tarea amplia y noble del psiquiatra en