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La autora estudia el problema del origen de las dificultades conyugales. Una de las causas de los transtornos conyugales es la presencia de defectos en todos nosotros. Esta presencia de defectos no la sentimos en nosotros mismos, y por lo tanto, no comprendemos las reacciones de los demás frente a estas cualidades. Por ejemplo, antes del matrimonio nadie se ha dicho: después de un cierto tiempo de vida en común con mi mujer (o marido) se manifestarán en mí estos o aquellos defectos, que dificultarán nuestra felicidad.
Un matrimonio puede ser desgraciado desde un principio, cuando “no se ha elegido bien” el cónyuge. Pero aquí tenemos que resolver el problema de cómo sucede que se elija mal a una persona con la cual se va a compartir toda la vida. Una de las veces es debido a que la elección se hace desde el punto de vista de una condición aislada; por ejemplo, el deseo de buscar en la mujer la madre de la infancia. En otras, el conflicto se origina por la lucha de tendencias distintas en el mismo individuo; v. gr., por un lado desear el tipo de mujer-madre, y por el otro, el de mujer-prostituta.
El matrimonio es una relación entre dos sexos. Por tanto, se presentarán también dificultades siempre que las relaciones con el sexo contrario sean anormales, v. gr., por mezcla de desconfianza, odio, etc. Para buscar el origen de este odio, desconfianza, etc., tenemos que explorar las raíces infantiles del sujeto y la forma especial de su complejo de Edipo; v. gr., miedo de la mujer que castiga (primitivamente la madre), deseo de “santidad” en la mujer propia, miedo de no satisfacer a la mujer, etc.
Garma.