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El doctor Martí Ibáñez nos envia desde Nueva York la presente colaboración. A pesar de que el autor no ha recibido una formación psicoanalítica en los centros respectivos hemos resuelto incluir su artículo por la indudable visión y amenidad que encierra. (N. de la R.)
Una de las más fascinadoras contribuciones del Psicoanálisis a la Ciencia moderna, ha sido su interpretación de acciones humanas hasta hoy tenidas al margen de la Psicología. Cuando los psicoanalistas hubieron asentado una teoría de los juegos infantiles y descubierto en ellos un profundo y oculto simbolismo comparable al de ciertos rituales primitivos, se decidieron a bucear en las diversiones del hombre adulto. Provistos de la herramienta psicoanalítica, se zambulleron en las que parecían aguas superficiales del alma civilizada. La sorpresa fué grande. En actos y distracciones en apariencia triviales, acababan de descubrir tremendas profundidades, de las que retornaba el psicoanalista cubierto de la fosforescencia de los atroces abismos y llevando en la boca la perla de una nueva verdad psicológica.
El ajedrez, que desde hace milenios viene atesorando tantas horas y pensamientos en la vida de muchos hombres, ha sido sometido a la investigación psicoanalítica. Podrán aceptarse o no los desconcertantes resultados obtenidos. No olvidemos que el Psicoanálisis no es, ni será jamás, una ciencia exacta. Quienes golpeen su muro enigmático con los nudillos, hallarán junto al rico hallazgo de tesoros interpretativos, vastas y oscuras oquedades. Mas nadie negará que la tentativa psicoanalítica tiene el mérito de ser la primera aproximación científica, al problema de la fascinación que el ajedrez ejerció siempre sobre los hombres.
A ambos lados del tablero sentáronse antaño sultanes y reyes, en el esplendor de las cortes llenas de tapices, sedas, surtidores y brocados; nobles y califas, feudales y villanos, caballeros y monjes, juglares y artesanos, guerreros, místicos y poetas. Sobre las pi