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Si buscamos la traducción de la palabra “libido” en un diccionario latino, encontraremos las palabras: deseo, inclinación, voluntad, ansia, apetito, pasión. Cicerón habla de ulciscendi libido en el sentido de deseo de venganza; Tácito de sanguinius libido, por sed de sangre, mientras que en la Edad Media, la Iglesia recalca el sentido erótico de la palabra, como en oscula libidinosa, besos eróticos. Pero el psicoanálisis emplea el término “libido” exclusivamente en conexión con placer y deseo sexual. Freud adoptó este sentido del término de A. Moll, quien lo usa para señalar la expresión dinámica de la sexualidad. Las manifestaciones de la sexualidad en las acciones, actividades, pensamientos y percepciones humanas son consideradas como la expresión de cierta fuerza o poder (en griego: dynamis). Esta fuerza es la que el psicoanálisis llama libido. Hablamos, por consiguiente, de la libido como de la “energía dinámica del instinto sexual”, o de la energía que se exterioriza en las manifestaciones del instinto sexual. Esta definición necesita una explicación de lo que es un “instinto” y del significado del término “sexual”.
Empezaremos con la definición del término “instinto”. La psique de los seres humanos, como la de los animales, tiene la tarea de dominar y controlar los estímulos, con el fin de reaccionar a ellos adecuadamente. Tales estímulos entran en el “aparato psíquico a consecuencia de determinados procesos energéticos ocurridos en el mundo exterior. La luz, el calor radiante o su ausencia, los sonidos, los cambios de posición por movimientos activos o pasivos, la impenetrabilidad de los cuerpos, en resumen, todo el mundo físico ambiente, constituyen una fuente continua de estímulos. También nuestro ambiente psíquico, nuestros parientes, amigos, colegas, relaciones casuales y enemigos colaboran para que no falte nunca una corriente continua de estímulos y excitaciones en nuestra vida psíquica. Sin embargo existen también estímulos que provienen de nuestro inte