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Han transcurrido más de diez años desde que hice mi primera tentativa de establecer la etiología de los trastornos maníacodepresivos sobre bases psicoanalíticas. Estaba compenetrado de las deficiencias de tal tentativa que traté de dejar bien esclarecida en el título de la misma. Sin embargo, debemos recordar cuán pocos trabajos e investigaciones de índole psicoanalítica sobre la demencia circular se habían realizado para esa fecha. La práctica psicoterapéutica privada nos ofrece pocas oportunidades de analizar casos de esta naturaleza y es, por lo tanto, difícil que un solo analista pueda coleccionar y comparar suficientes observaciones sobre la materia.
A pesar de las deficiencias de esa primera tentativa sus resultados probaron ser correctos en algunos aspectos importantes. El trabajo de Freud sobre Duelo y melancolía confirmó mis puntos de vista de que la melancolía guardaba con respecto al duelo normal por una pérdida de objeto, la misma relación que se plantea entre la ansiedad mórbida y el temor ordinario. Además, ahora ya podemos considerar, como definitivamente establecida, la afinidad psicológica existente entre la melancolía y la neurosis obsesiva. Más aún, estas dos enfermedades muestran similitudes respecto al proceso de desligamiento de la libido del mundo exterior, y por otro lado hasta ahora no ha sido posible descubrir nada respecto al punto de divergencia entre ambos estados ni se ha proyectado luz alguna sobre el problema de las causas específicas de la demencia circular.
Después de que Freud estableciera la teoría de los niveles pregenitales de la organización de la libido, hice una tentativa de descubrir esta causa