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Se trata de un libro que dará un impulso decisivo a la transformación en curso de la medicina actual, en el sentido de sacarla de sus cauces habituales, predominantemente orgánicos, dirigiéndola hacia otros caminos más certeros, donde lo psicológico aparecerá como lo fundamental.
Son muchos los méritos del libro y todos ellos de vasto alcance. Su lectura revela que por primera vez se han aplicado con gran éxito los puntos de vista de la medicina psicosomática a un gran número de enfermos, siguiendo técnicas originales y amplias, pero siempre buscando normas sencillas al alcance de cualquier médico interesado. Con ello se ha conseguido sistematizar contenidos patogénicos importantísimos en las enfermedades más frecuentes. Ellos eran desconocidos y de ahí que se haya obtenido una mejor actuación terapéutica, con resultados muy positivos.
La extensión del libro sobrepasa las 750 páginas. Pero parece aún más extenso por la cantidad de conocimientos nuevos que suministra. En todos los capítulos la autora ha sabido exponer sus consideraciones, métodos, resultados y deducciones, de un modo sencillo, penetrante y convincente, dejando percibir al lector la solidez y trascendencia de los resultados obtenidos.
La autora inició la investigación básica estudiando los sujetos con aquellas enfermedades orgánicas, que más frecuentemente causan muerte o invalidez. Entre todos ellos eligió primero los que presentaban síntomas mentales aparentes. Mas luego, prescindió de ese requisito, dándose cuenta de que no era necesario, y que en los grupos estudiados se trataban no solamente de enfermedades distintas, sino también, y al mismo tiempo, de distintas personalidades psicológicas. Con esta base importante, al cabo de cuatro años, consiguió la ayuda monetaria; entonces ella y sus colaboradores pudieron examinar sin selección alguna todos los sujetos de quince a cincuenta y cinco años, ingresados en un hospital general (Presbiteryan Hospital, de Nueva York) por cualquiera de las siguientes