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Considera el autor que el matrimonio en su forma actual no responde a las necesidades de la época. El número de divorcios crece, el miedo al matrimonio se ha apoderado de ambos sexos como consecuencia de los matrimonios desdichados. Es necesario reformarlo, no suprimirlo, la monogamia será siempre el ideal de la humanidad culta. La aspiración a una unión duradera tiene como contrincante el deseo de independencia. Toda coacción se venga, moviliza tendencias defensivas. El matrimonio es una coacción. Llegaríamos a la conclusión de que debiera ser substituido por el amor libre; pero el amor es una coacción más fuerte que el derechef y los juramentos.
El predominio unilateral de un sexo conduce a la moral doble en la que el sexo dominante se adueña de todos los privilegios. Se cree que a un período de soberanía masculino sucede uno femenino. Podríamos creer que está llegando el período de estado femenino. Destaca luego que el síntoma más corriente del matrimonio moderno es la familia pequeña. Los hijos únicos tienen una inextinguible sed de ternura que no alcanza a saciar el matrimonio.
El momento crítico del matrimonio es el período en que el aburrimiento se insinúa entre marido y mujer y empiezan a necesitar compañía. El marido tiene una querida, la mujer un amante, los objetos cambian y llegan a la misma