You do not currently have permission to view the full text for this document. Please sign in to an account with an active subscription or contact support.
El autor reduce el comienzo del proceso esquizofrénico a una lucha entre la conservación del yo y el peligro de la despersonalización, con la angustia consiguiente« En esta nueva existencia (Inder-der-Welt-sein, Storch), el yo debe volver a establecer sus catexias, esfuerzo que Freud denominó “tentativa de autocuración o de reconstrucción”. Muchas veces, sus manifestaciones constituyen la totalidad del cuadro, pasando inadvertido el propio proceso psicotico. Pese al carácter evidente de este mecanismo, fuera de la escuela psicoanalítica sólo Bleuler y Klaesi lo aplicaron para explicar los delirios esquizofrénicos. En cambio, la escuela psiquiátrica francesa y la alemana clásica siguen limitándose a la explicación del aspecto formal, sin precisar el origen que tienen los contenidos de los delirios.
Storch examinó la disolución del yo esquizofrénico en el mundo exterior, a la luz de la psicología genética y colectiva comprobando la fundamental intervención de factores efectivos: los objetos o personas afectivamente agrupados en el individuo tenderán a constituir grupos colectivos en el delirio. Hermann precisó, desde el punto de vista psicoanalítico, las características de este “pensamiento desbordante”, que, evidentemente, es restringido por el yo mediante el establecimiento de una personalidad exageradamente demarcada, dando lugar al manierismo esquizofrénico, una de las múltiples tentativas de autocuración de que dispone el yo.
El hecho de que el esquizofrénico modele sus delirios megalómanos y genealógicos empleando las figuras de reyes, príncipes y magnates, no es sino una expresión del contenido arcaico correspondiente a la forma agresiva del pensamiento esquizoide, ya que en la concepción infantil estos personajes representan objetos congénitamente excepcionales.
L. R.