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Comienza el autor refiriéndose a Hipócrates y a la mitología griega sosteniendo que los crímenes de Edipo, Fedra, Orestes, etc., constituyen situaciones criminógenas típicas. Los impulsos sádicos e incestuosos, el sentimiento de culpabilidad están en ellos presentes. Se ocupa a continuación de la teoría psicoanalítica y de sus aplicaciones a la criminología tanto como método de interpretación de los hechos como de terapéutica y profilaxis del delito. Las ideas de Alexander y Staub son vastamente desarrolladas y discutidas. Al ocuparse de la relación existente entre la neurosis y el delito sostiene que la neurosis es un mecanismo de defensa frente al delito como lo es frente al suicidio al paralizar en general la actividad del sujeto, inhibiéndolo para la acción. El neurótico podrá ser un ser asociable por su inercia y egoísmo pero rara vez antisocial; claro es que esto en cuanto a los grados extremos, sosteniendo el autor a continuación el carácter mixto de la personalidad del delincuente.
Hace referencia al famoso caso de Doña Catalina de los Ríos Lisperger más conocida por el nombre de “la quintrala” prototipo de criminal radico con evidentes rasgos neuróticos. Al ocuparse de la “actuación criminal neurótica” situación que más interesa al psicoanálisis criminológico sostiene que ésta existe en la medida en que por mecanismos inconscientes disminuye la inhibición proveniente del superyó. Resulta de esto que lo esencial será investigar en cada caso la proporción o el monto de dicho déficit inhibitorio en cualquier juicio o aplicación del psicoanálisis. Del porcentaje del déficit resultará la responsabilidad o imputabilidad del sujeto, dependiendo también de esto la pena o tratamiento a que deberá someterse al delincuente.
En cuanto al tratamiento de los delincuentes puede éste aplicarse en dos casos: en los que se encuentran cumpliendo una condena en un establecimiento penal y en aquellos que se hallan recluidos en un establecimiento especial con el doble propósito de