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El autor describe el caso de un eunucoide que a los 30 años (1936) fué tratado con inyecciones de orina de embarazada (apoidina) consiguiéndose entonces en él los cambios morfológicos propios de la pubertad, lo que hizo posible que el enfermo a los 31 años realizase su primer coito. Fué sometido también a dos series de inyecciones de propionato de testosterona, empezando un tratamiento psicoanalítico durante la primera serie.
Los datos principales de la historia del enfermo son los siguientes: El desarrollo psicosexual durante la infancia no presenta rasgos distintos de los de una infancia normal.