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Nos brinda el autor el mejor ejemplo de instinto puro con el caso de la avispa solitaria. “Los padres del último verano están muertos y desintegrados mientras la nueva generación yace enterrada en terrones de barro o nidos húmedos debajo de la tierra. Con el calor del verano la nueva generación emerge y sin instrucción parental provee para su propio sostenimiento y en una complicada «constelación de patrones de conducta» (Kubie) provee para la nueva generación. Construye o cava un nido, encuentra y captura la apropiada presa, generalmente una determinada especie a la que se ha adaptado la avispa; clava a la presa con un alto grado de seguridad en el apropiado centro o centros nerviosos (en una fina adaptación al grado de cefalización del sistema nervioso de la presa) y cargándola encuentra el camino hacia el nido; le abre, la deposita, pone un huevo (casi siempre en un punto específico), cierra el nido y abandona la cría a su destino.”
Plantea después el antagonismo entre rigidez y variabilidad de los instintos; la estabilidad